30 Nov 2005

 

Argentina: Progresando sin el Fondo Monetario Internacional

 

 

Mientras que la debacle económica y social sufrida por el pueblo argentino en 2001, luego de haber seguido las directivas del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha sido ampliamente documentada, la notable recuperación que ha tenido lugar desde entonces ha recibido hasta el momento escasa atención. En los pocos años que han seguido a la valiente decisión del gobierno argentino de tratar con el FMI en base a una mayor igualdad, la economía argentina ha crecido a una envidiable tasa anual  cercana al 10%, la pobreza se ha reducido en 18 puntos desde un zenit del 40%, el desempleo ha bajado al 11.1%, las inversiones extranjeras crecen rápidamente, y el valor de las exportaciones continúa ascendiendo. Y todo ello sin el FMI.

 

Los argentinos se preguntan ahora si volver al FMI (y en caso afirmativo, bajo que condiciones), o mantenerse separados del FMI, al menos por el momento. En Argentina, en 2005, esto no es sólo una discussion académica o ideológica. Los argentinos han sufrido en su propia carne las consecuencias de fallidas decisiones económicas  adoptadas en lejanos foros globales, tales como el FMI y el Banco Mundial (BM), en las que ni ellos  y ni siquiera su gobierno tuvieron protagonismo alguno, y en las que ciertamente nadie estaba en posición de exigir nada. La peor consecuencia de estas políticas ortodoxas basadas en el “Consenso de Washington” ha sido una tremenda espiral en los niveles de pobreza y la casi extinción de una substancial e histórica clase media. Los argentinos conocen el significado de las siglas “FMI”, al menos por lo que a ellos respecta.

 

Mientras tanto, desde Washington, el FMI está enviando señales al gobierno argentino en el sentido de que desea involucrarse en la recuperación del país.

 

El Ministro de Economía argentino, Roberto Lavagna*, había declarado recientement que lograr un acuerdo con el FMI en 2006 no era del todo esencial; pero solo unas semanas después, recogiendo la llamada del FMI para acudir a la mesa de negociaciones, el Sr Lavagna indicó que estaría interesado en un “diálogo útil”, siempre que las negociaciones se basaran en la premisa de una “fuerte participación argentina”.  De este modo, Argentina insistiría en su derecho a definir sus prioridades y objetivos económicos y sociales, en línea con las políticas del gobierno hacia un desarrollo sostenible, incluyendo la creación de empleo decente, reducción de la pobreza,  mejoras en los sistemas de sanidad y educación, etc.

 

Para el FMI, los beneficios de un pronto acuerdo parecen claros: no es ciertamente una  buena estrategia de relaciones públicas  continuar ausente en el exitoso proceso argentino. Resulta algo vergonzante para el FMI a nivel global no estar jugando papel alguno en la impresionante recuperación del país.

 

Además, por lo que respecta a las relaciones del FMI con las economías emergentes, todas las miradas se vuelven a Argentina,  sobre todo en los países en desarrollo.  Si bien las circunstancias específicas de este caso no son comparables a las que existen en otros países, el presente proceso Argentina-FMI es probablemente el más interesante de todos. Muchos observadores en los países en desarrollo desean saber hasta qué punto el FMI se mostrará flexible en sus tratos con Argentina.

 

Por su parte, el BM ha admitido ya un cierto grado de responsabilidad con respecto a las fallidas políticas que desembocaron en la crisis argentina de 2001. Es cierto que el Banco se cuida de puntualizar que las deficiencias observadas tienen que ver sólo con la implementación de dichas políticas, y no con las políticas mismas, pero el simple reconocimiento de responsabilidad por parte del BM constituye sin embargo un buen indicio de que las cosas deben manejarse de modo distinto en el futuro.

 

Dejando de lado cuestiones de responsabilidad (y hay suficiente responsabilidad para repartir, tanto doméstica como foránea), Mario Del Carril, prominente comentarista en LA NACION, uno de los diarios líderes de Buenos Aires, lo decía simplemente en un reciente artículo: “Argentina y el FMI se necesitan mútuamente”. Como apunta el Sr Del Carril, Argentina está ahora en una posición más firme para negociar con el FMI, y no debiera retrasarse.  Dadas las incertidumbres a medio plazo del actual boom económico argentino, nadie sabe por cuanto tiempo prevalecerá esta favorable situación negociadora. Además, la inmediatez de la crisis de 2001 provee a Argentina una voz más merecedora de consideración. Los malos recuerdos tienden a desvanecerse rápidamente en las lujosas suites de Washington. Cuanto antes comiencen las negociaciones, mejor para la Argentina.

 

En sus esfuerzos por tratar con el FMI sobre una base de igualdad, sin embargo, Argentina no podrá contar con la ayuda del gobierno de Estados Unidos. Mezclando halagos y humor, y quizá una pizca de cinismo, el Presidente de los EEUU, George W Bush lo dejó claro durante una reciente conferencia de prensa luego de reunirse con el Presidente argentino Néstor Kirchner (previo a la apertura de la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, 4-5 de noviembre, 2005). Según el Sr Bush, la mano del Sr Kirchner es ahora lo suficientemente fuerte como para tratar eficazmente con el FMI por propia cuenta.

 

Horas antes, en Washington, el Presidente Bush había ensalzado cálidamente la recuperación económica argentina, y declaró a LA NACION que estaría “feliz de ayudar a Argentina”. Pero, aparentemente, lo que el Sr Bush tenía en mente para Argentina era simplemente la iniciativa estadounidense conocida como el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) http://www.ftaa-alca.org , y no el apoyo a las posiciones argentinas ante el FMI.

 

ALCA es una palabra sucia en los corazones de la mayoría de los argentinos, el 70% de los cuales está en contra de un tal acuerdo. Cierto es que, a menudo, las razones expuestas para explicar una resistencia tan pronunciada al ALCA no están perfectamente informadas o completamente articuladas. Es posible que la prevaleciente actitud contraria al ALCA efectivamente esté basada en componentes altamente ideológicos; pero quién podría culparles totalmente por ello? Tras la debacle de 2001, los argentinos muestran hiper-sensitividad ante cualquier iniciativa proveniente de EEUU, especialmente si se presenta con pretensiones de ayuda.

 

La tendencia de los argentinos a ponerse en guardia ante cualquier iniciativa que emane de Washington estos días encuentra eco también en otros países Iberoamericanos, desde el vociferante presidente venezolano Hugo Chavez hasta las reservas más calmadas del Presidente Lula da Silva en Brasil; pero incluso en los Estados Unidos,  algunos de los líderes fuertes del Partido Demócrata, tales como el Senador Harry Reid, lider demócrata en el Senado, el Congresista Bob Menéndez, lider demócrata en el Subcomité del Congreso para Iberoamérica, y Nelson Cunningham, antiguo consultor especial del Pres Bill Clinton, han expresado también una profunda preocupación por lo que perciben como el desentendimiento de la actual Administración hacia Iberoamérica, y Argentina en particular. “La política de esta Administración hacia [Iberoamérica] se limita al libre comercio”, dijo el Senador Reid, en tanto que el Diputado Menéndez se quejaba de que “la región está siendo ignorada…ésta es la única región para la que esta Administración ha apoyado recortes presupuestarios en ayuda internacional o militar para los próximos años, con un recorte del 12% propuesto para 2006”. El Senador Reid ha declarado “fallida” la política de los EEUU para Iberoamérica, y en una carta dirigida al Pres Bush a finales de octubre, el Senador le recordó que los acuerdos de libre comercio propuestos “no constituyen una cura mágica contra la pobreza”.

 

No es buen momento éste para venderle el ALCA a Argentina, cualesquiera que fueran sus méritos, lo que quedó claramente en evidencia con el colapso de la IV Cumbre de las Américas, donde EEUU puso el énfasis en el ALCA (a pesar de que el ALCA no constaba en la agenda), y Argentina y Brasil pusieron el énfasis en políticas económicas que sirven un propósito social, tal como la creación de empleo decente (el tema más importante de la agenda). (Venezuela estaba ocupada cavándole una tumba al ALCA, acaso una labor algo prematura). Cierto es que muchas voces en Argentina culpan al Sr Kirchner por lo que perciben como un manejo deficiente (o, de acuerdo con otros, manipulación para consumo doméstico) de su rol como anfitrión de la Conferencia, donde el propósito sería limar diferencias en lugar de separar más todavía a las partes. En todo caso, lo que siguió fué, en palabras de Laura Carlsen, directora del Programa Américas del International Relations Center, “una melé diplomática que refleja no tanto las divisiones internas iberoamericanas como una resistencia creciente al modelo de libre comercio en todo el mundo en desarrollo”. http://americas.irc-online.org/am/2954

 

Sea como sea, el gobierno de EEUU se siente ahora despechado por lo que percibe como intransigencia del Sr Kircner al no permitir que la negociaciones sobre el ALCA siguieran adelante. Se han publicado informaciones en EEUU en el sentido de que la Casa Blanca está muy molesta con el Sr Kirchner, con la sensación de que la Conferencia se organizó como trampa al Presidente Bush. Sin duda  EEUU proseguirá con la agenda del ALCA mediante negociaciones bilaterales, lo que no es la mejor manera de proceder, y podría también sentirse menos inclinado a simpatizar con la posición de Argentina ante el FMI. Es de esperar que los Estados Unidos no cambien su posición implícita de no intervenir en las negociaciones FMI-Argentina, sin ayudar o obstruir la posición argentina en ese proceso. Pero si la Casa Blanca está decidida a darle una lección al Pres Kirchner y devolverle el favor en el FMI, la labor del Sr Lavagna se tornará rápidamente mucho más difícil, si no imposible*. Bailado en Buenos Aires o en Washington,  todavía “takes two to tango”, y a veces tres.

 

Argentina se destaca como un punto brillante en Iberoamérica y, en general, entre todos los países pobres y de renta media del Globo. Junto con Brasil y Chile, pero con condiciones económicas y sociales propias, Argentina constituye un experimento prometedor, en el que las políticas económicas y sociales se reconocen como íntimamente interconectadas a fin de conseguir un entorno politico estable y un verdadero desarrollo sostenible. Argentina sabe que el desarrollo económico no resuelve por sí solo los problemas sociales subyacentes del desempleo, la pobreza y una injusta distribución del progreso.

 

Los argentinos han sufrido ya lo suficiente como para saber que no es permisible que las fuerzas del Mercado dicten la política económica y social. Su orgullosa identidad nacional, su valentía, vitalidad y creatividad les han servido bien en su reciente peregrinación por el infierno y la recuperación. Se han plantado ante el FMI, y el FMI estaría bien aconsejado a prestar atención y escuchar cuidadosamente las preocupaciones del gobierno argentino. El FMI, al igual que las demás instituciones financieras internacionales, deberían percatarse de que las condiciones económicas y sociales específicas prevalecientes en un país requieren medidas específicas y métodos específicos que estén a la medida de circunstancias específicas. Deberían también entender que son los gobiernos nacionales, con fuerte participación de la Sociedad Civil, los que están mejor posicionados para saber donde radican las prioridades económicas y sociales de su propio país.

 

Dejando de lado diferencias sobre el ALCA y  piques de trato impropio, los Estados Unidos, y bajo su siempre presente influencia, el FMI, harían bien en mantener una actitud receptiva hacia la Argentina. El país está a la entrada de un desarrollo sostenible, y este desarrollo sostenible favorecerá la estabilidad política nacional y regional. Washington no necesita más inestabilidad política en Iberoamérica; necesita menos.

 

Sería trágico que el FMI, adoptando una postura de “seguir como siempre”, acabara con la naciente marcha argentina hacia un desarrollo sostenible. Eso no sería nada bueno para la Argentina.

 

Tampoco lo sería para el FMI.

 

En solidaridad,

Vicente García-Delgado

Representante de CIVICUS en Naciones Unidas (Nueva York)

 

Por favor, envíe sus comentarios a CIVICUSUN@aol.com

 

* Al tiempo que esta columna se enviaba para publicación, llegó la noticia el 29 de noviembre del reemplazo de Roberto Lavagna como MInistro de Economía por Felisa Miceli, hasta ahora Presidente de Banco Nación, el mayor banco estatal argentino. La Sra Miceli es considerada como aún menos ortodoxa que su predecessor, con interés especial en la redistribución de la renta y reducción de la pobreza.